CRÓNICAS INDOCHINAS 4: «Teoría del buen despertar o en moto por Mae Sot»

Puente colganteBaruch Spinoza, el filósofo judío que fuera expulsado de la sinagoga a muy temprana edad, era un hombre de gustos modestos y placeres escasos. En su gran obra, la Ética, afirma que el cuerpo y el alma no son dos cosas diferentes, esto es, el alma no gobierna al cuerpo, sino que es una reflexión acerca de lo que al cuerpo le sucede. Así, cuando el cuerpo es afectado por un elemento externo que le provoca placer, el alma siente alegría y aumenta su perseverancia en el ser, o lo que es lo mismo, su voluntad de vivir.

Spinoza define al amor cono la alegría acompañada de la idea de una causa exterior. Digo todo esto para llegar al punto que me interesa hacer notar: dormimos poco, caminamos mucho, sudamos durante toda la jornada, pero nuestros cuerpos no padecen, porque aumentan su afirmación vital, porque sienten alegría y, al hacerlo, aumentan sus ganas de continuar andando.

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Por la mañana vamos al centro de la pequeña localidad de Mae Sot, donde alquilamos dos motos por un día (300 baths por moto, incluyendo el combustible: menos de 10 dólares). Desde allí partimos hacia las afueras en busca de una cueva y una cascada, tarea que nos llevaría todo el día y destruiría nuestras nalgas de tanto andar en moto.
Para llegar hasta la cueva había que ascender 800 metros de empinados escalones, pero valió la pena: allí nos aguardaba una brillante serpiente anunciándonos la entrada al centro de la tierra.

Tres moteros en la cascadaComimos una sopa en un pequeño barcito de la carretera y continuamos nuestro trayecto hacia la catarata. Una vez allí, nos bañamos en el lago situado junto a la caída de agua. Vimos morir el esplendoroso sol tras los bambúes y emprendimos nuestra marcha hacia el fin del día.
En nuestra próxima crónica relataremos nuestro trabajo junto a la ONG Colabora Birmania.

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