ENTREACTOS LITERARIOS: «Ícaro torturado. Un traidor del régimen de Pol Pot» – David Cardozo

DSCF3084A veces se recostaba contra la húmeda pared, junto a ese borde donde el sol se parecía a aquel débil hilo con el que su madre tejía; otras veces se acostaba en la oxidada cama de hierro sin colchón, miraba hacia arriba, buscando semejanzas entre las partes descascaradas del techo y objetos que se encontraban más allá de esas lúgubres paredes. Las baldosas cuadradas, amarillas y rojas, eran para él un gran tablero de ajedrez; imaginaba movimientos y piezas comidas. El ajedrez es la gran alegoría: si vencía la partida, podría escapar de esa absurda celda. Como una saeta encendida, como una febril agonía, se aparecía la mirada de la mujer amada, sin que pudiera voluntariamente alejarla de su mente y sin poder tampoco retenerla más allá del tiempo de la aparición. No sabía dónde estaría ella, ni tampoco ninguno de los miembros de su familia.

Entonces sonaba la chicharra. El agente abría violentamente la puerta y lo sacaba por la fuerza de la celda. Al salir al pasillo la luz penetraba en sus ojos como un afilado cuchillo; sus piernas entumecidas sentían como si una república de hormigas habitara en sus venas. Caminaba, mirando al suelo, sabiendo lo que seguía. Ahora estaban sentados ante él, la obra de teatro había comenzado. Ya sabía todo lo que pasaría.

DSCF3075– Has traicionado al Partido y a tus compatriotas, ¿Lo reconoces?

– Sí – no era más que un campesino analfabeto, no había hecho más que trabajar en campos de arroz toda su vida – Lo confieso.

– Sabes que eso es penado con la muerte. Tus compatriotas no pueden perdonar tu traición.

– Lo sé… Lo merezco – sonreía internamente, pues todo acabaría pronto.

DSCF3082El interrogatorio había terminado. Su declaración estaba firmada. Su fusilamiento no era más que un mero trámite. Volvió a la celda y se arrinconó abrazando sus rodillas. Sentía la levedad del que no sabe si experimenta el sueño o la vigilia. Miraba a través de las pequeñas aberturas de la ventana y se imaginaba que tal vez podría fabricarse alas, convertirse en una colorida abeja, amarilla y roja, y escapar para siempre del túnel de la historia, volver a ser un simple campesino de manos cortadas.

Una estridencia volvió a despertarlo de ese tiempo infinito. Un agente, tal vez el mismo, tal vez otro, lo levantó sin mirarlo. Caminaba como quien llevara bolsillos cargados de tierra y la fuera perdiendo con cada paso. Vio aquel árbol y un sol gigante y rojo amenazar la barbarie con su mirada testiga. Los otros traidores (no sabía lo que significaba, pero él era uno de ellos) también esperaban. Le indicaron que se colocara junto a ese árbol anciano, él obedeció con gusto. Sonó un ruido ensordecedor, sintió cómo sus alas se derretían, cómo su vuelo se tornaba rasante… cómo el tiempo ya no era más una inagotable espera. Sólo ese sol majestuoso, que ya no era un hilo, sabía cuándo cesaría de reflejar la roja sangre sobre las aguas del calmado océano índico.

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