#Colombia17 “El trayecto colombiano de Humboldt: Los Andes, gran revelación para el naturalista” (Fragmento escogido) – SANTIAGO DÍAZ PIEDRAHITA

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Alexander von Humboldt, retratado por Friedrich Georg Weitsch

“La visita de Humboldt a Colombia fue puramente accidental. A pesar de ser el primer geógrafo e historiador de la América española, el barón alemán no tenía entre sus planes iniciales recorrer detenidamente la América equinoccial, y menos aún visitar el virreinato de la Nueva Granada.

El 29 de noviembre de 1801, camino de Pasto y luego de haber atravesado el territorio colombiano, anota en su diario: «cuando salimos de La Habana estuvimos plenamente seguros que no tocaríamos Santa Fe, y que en busca de la expedición de Baudin tomaríamos el camino de Panamá a Guayaquil. Quién no se estremecería de la idea de empezar un viaje con 12 mulas y su eterno reempaquetamiento, por un camino terrestre de 4 a 5.000 millas, por Honda… Popayán. Yo personalmente pensé que mis finanzas no serían suficientes para ese camino. En Cartagena todo me parecia suficiente».

La intención de visitar el Nuevo Mundo aparece cuando fracasan sus intensiones de unirse al viaje alrededor del mundo que había iniciado el capitán Nicolas Baudin, o de explorar el monte Atlas en el Africa. En 1799 se dirige a España con el fin de solicitar los permisos necesarios para ingresar en los territorios de ultramar. En la concesión de los pasaportes respectivos, autorizados por Carlos IV, fueron determinantes las influencias del barón Philipe de Forell, embajador de la Sajonia en Madrid, así como el ministro Mariano Luis de Urquijo, protegido de las reina María Luisa. Tal apoyo revertió en un permiso amplio y generoso, que hacía posible el desplazamiento de Humboldt por el interior de América y por las Filipinas, junto con los instrumentos necesarios para realizar sus observaciones.

Entre tales aparatos figuraban algunos que hacían posible determinar posiciones astronómicas, así como definir las fuerzas magenéticas, la composición química del aire atmosférico, su humedad, su temperatura, sus cargas eléctricas, su transparencia y su contenido en ácido carbónico.

Viajaría Humboldt en compañía del médico y naturista francés Aimé Bonpland, a quien en los papeles oficiales se señala como secretario del barón, ayudante, copista, e incluso como criado. Las intenciones de Humboldt no eran claras; estaba dispuesto a gastar la fortuna heredada de su madre en aras del progreso científico, contaba con el apoyo de algunos amigos y sus intereses giraban en rededor de la composición química de la atmósfera y de su influjo sobre los cuerpos organizados; además, y como geólogo formado en una escuela de orientación neptunista, le inquietaban la formación del globo, las identidades de las capas geológicas y las grandes armonías de la naturaleza. Las especies animales y vegetales figuran en un segundo plano. Dicho interés era más de Bonpland y de Karl Sigismund Kunth, un botánico de Berlín que había aportado algunos fondos para el viaje de su amigo, y que luego se ocuparía del estudio de la mayor parte de la colección botánica americana.

Humboldt con Bolivar
Encuentro entre Alexander von Humboldt y Simón Bolívar

El pasaporte autorizaba el ingreso a América y a las demás posesiones ultramarinas, donde podrían realizar estudios de minas, hacer colecciones de plantas, animales, semillas y minerales, medir la altura de los montes, examinar su naturaleza y realizar observaciones y descubrimientos útiles al progreso de las ciencias naturales.

La fragata Pizarro tenía como destino Colón en Panamá, pero por la rotura del mástil hizo una escala en las Canarias. Los viajeros aprovecharon esta parada forzosa para ascender al Tayde, realizar observaciones e iniciar las colecciones científicas. Ya en aguas americanas, una epidemia de fiebre tifoidea les obligó a desembarcar el 16 de julio en Cumaná. El puerto caribeño sirvió de punto de encuentro entre Humboldt y el continente que le inmortalizaría. La nueva escala permitió a los viajeros repetir la expedición de Pedro Loefling hacia las fuentes del Orinoco y del río Negro. Durante este recorrido bordearon la frontera acampando varias veces en la margen colombiana. Esta ha debido ser las única región del país visitada por los exploradores, pero el destino señala otra cosa; las inmensas llanuras con sus vistosos morichales y sus matas de monte no iban ha ser los únicos paisajes colombianos grabados en sus pupilas.

El 24 de noviembre de 1800, diez meses después de su desembarco, y ya aliviado Bonpland de un ataque de fiebres, los viajeros partieron hacia Cuba, tras 25 días llegaron a La Habana. Allí se encontraron de que la expedición de Baudin había partido de Francia y que en el lapso de un año era posible que tocara El Callao; el 14 de marzo de 1801 dejaron Cuba con rumbo a Panamá para atravesar el istmo y seguir hasta Guayaquil. A mitad del trayecto, una tempestad afectó el barco desviándolo de su curso hacia el oriente. A manera de temporal, la Nueva Granada les llamaba. Pasados veinte días, la nave llegó a la bahía de Cispatá en el extremo este del golfo de Morrosquillo; superados el susto y los riesgos de un naufragio, el barco se dirigió hacia Cartagena bordeando el archipiélago de San Bernardo. Al puerto amurallado llegaron el 30 de marzo.

La estancia en Cartagena sirvió para replantear la ruta. José Ignacio de Pombo les convenció de las ventajas que presentaba el viaje por tierra. La ruta habitual les permitiría no sólo remontar el curso del Magdalena y conocer la selva tropical, sino cruzar los Andes, una cordillera extraordinaria, llena de acertijos biogeográficos y abundante en especies desconocidas. Un atractivo adicional se les presentaba: en Santafé residía José Celestino Mutis, reputado como amigo de Carlos Linneo, el padre de la nomenclatura científica y a la vez el máximo naturista de su época; Mutis gozaba de gran prestigio como médico y catedrático; era además un hombre poderoso e influyente que había ganado fama por haber sido el promotor de la Expedición Botánica del Nuevo Reino de Granada, empresa que aún dirigía.

A través de Pombo, Humboldt se entera de su influencia, y aunque le informan que se trata de un anciano reservado y de mal humor, decide enviarle desde Turbaco una carta artificiosa en la que se presenta ante el gaditano y en forma zalamera le comunica que desde hace una década arde en deseos de conocerle y de apreciar la gran obra que prepara para la porteridad; por tal motivo ha decidido visitar Santafé. Mutis se siente halagado y le responde ofreciendo toda clase de colaboración, como efectivamente comenzó a suceder a partir de Honda.

Los argumentos de Pombo y la ventaja de viajar al lado del comisionado de Quinas, Luis de Rieux, decidieron el nuevo itinerario. Remontar el Magdalena era penoso por la acción de los mosquitos, por el calor sofocante y por la permanente humedad. Ascender los Andes era difícil, pero implicaba varias ventajas; su vegetación podría ser comparada con la de los Alpes y con la del Teyde. La comparación de las cordilleras haría posible verificar varias hipótesis sobre la geografía de las plantas; además, una flora y una fauna novedosas se descubrirían ante sus ojos. La política española había mantenido las riquezas naturales de America ocultas al resto del mundo por trescientos años; ésta era una buena oportunidad de penetrar en tales arcanos.
El recorrido hacia el interior de Nueva Granada se inició con una visita a los volcanes de lodo de Turbaco, para seguir hacia Barrancas Nuevas y tomar el curso del Magdalena. Las principales etapas fueron Zambrano, Mompox, El Banco, Tamalameque, Bdillo, Cimitarra, Barranca Bermeja, Garrapata, Nare y Guarumo.
Paisajes impensados van surgiendo a cada paso y los diarios de los viajeros se van llenando de notas y de esquemas que luego servirán para levantar mapas y redactar memorias científicas; en su equipaje abundan muestras de plantas, animales disecados, muestras minerales, dibujos y otras curiosidades de la naturaleza. El recorrido por el río toma algo más de dos meses y les proporciona una visión diferente de los paisajes apreciados en Cumaná, Caracas, San Fernando, Atures y Maypures. En Honda se detienen mientras Bonpland se recupera de un ataque recurrente de fiebres, lapso que Humboldt aprovecha para recorrer los alrededores, hacer observaciones astronómicas, fijar posiciones geográficas, recortar plantas y enriquecer sus observaciones.”

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