#Colombia17 «El Viejo Mundo y el Nuevo (1492-1650)» – John H. Elliot (Fragmentos escogidos)

El viejo mundo y el nuevo - Elliot“La historiografía del siglo XIX no mostró gran interés por seguir las líneas de investigación insinuadas por Humboldt. El descubrimiento y la colonización del Nuevo Mundo fueron incorporados en esencia a una concepción europocéntrica de la historia, mediante la cual fueron descritos como parte de aquel épico proceso por el que el europeo del Renacimiento se hizo, en primer lugar, consciente del mundo y del hombre, y después, gradualmente, fue imponiendo su propio dominio sobre las razas recién descubiertas del recién descubierto mundo. En esta forma de concebir la historia europea – que estaba demasiado identificada con la historia universal- había una tendencia a resaltar especialmente los motivos, los métodos y las realizaciones de los exploradores y conquistadores. El impacto de Europa en el mundo (que fue contemplado como un impacto transformador, y en último término beneficioso) parecía un tema de mayor interés e importancia que el impacto del mundo en Europa.

La historiografía europea del siglo XX ha tendido a seguir una línea similar, aunque desde un punto de vista muy diferente. El retroceso del imperialismo europeo ha llevado a una reconsideración – con frecuencia muy rigurosa- del legado de Europa. Al mismo tiempo, el desarrollo de la antropología y de la arqueología ha llevado a una reconsideración – algunas veces muy favorable- del pasado pre-europeo de las antiguas sociedades coloniales. Si los historiadores europeos escribieron una vez con la confianza que les daba un innato sentido de superioridad europea, ahora escriben abrumados por la conciencia de la Europa culpable.” (p. 16)

“Su descubrimiento [el de América] tuvo importantes consecuencias intelectuales, puesto que puso a  los europeos en contacto con nuevas tierras y nuevas gentes, y como consecuencia puso también en duda un buen número de prejuicios europeos sobre la geografía, la teología, la historia y la naturaleza del hombre. También América constituyó un desafío económico para Europa, puesto que puso de manifiesto ser, al mismo tiempo, una fuente de abastecimiento de productos y de materias de las que existía una demanda en Europa, y un prometedor campo de expansión para los negocios empresariales europeos. Finalmente, la adquisición por parte de los estados europeos de territorios y recursos en América estaba destinada a tener importantes repercusiones políticas, puesto que afectó sus mutuas relaciones al producir cambios en la balanza de poderes.” (p. 20)

“Desde 1492 el Nuevo Mundo ha estado siempre presente en la historia de Europa, aunque esta presencia se ha hecho notar de distinta forma en épocas diferentes. Por esta razón América y Europa no deben estar sujetas a un divorcio historiográfico, a pesar de que su interrelación es un tanto vaga antes de finales del siglo XVII. Sus respectivas historias deben constituir una continua interconexión de dos temas distintos.

Grabados indios América
Grabado de Thierry de Bry

Uno de estos temas está representado por el propósito de Europa de imponer su propia imagen, sus propias aspiraciones y sus propios valores al recién descubierto mundo, junto con las consecuencias que para ese mundo tuvo la actuación europea. El otro trata sobre la forma en que la acentuación de la conciencia del carácter, de las oportunidades y de los retos del Nuevo Mundo de América contribuyó a configurar y transformar al Viejo Mundo, que a su vez se esforzaba en configurar y transformar al Nuevo.” (pp. 20-21)

“La grandeza de este desafío [incorporar al pensamiento a los americanos que eran absolutamente desconocidos por la tradición del pensamiento europeo] nos da la explicación de uno de los hechos más sorprendentes de la historia intelectual del siglo XVI: la aparente lentitud de Europa para hacer el adecuado reajuste mental a fin de encajar a América dentro de su campo de visión.” (pp.  21-22)

“Oro y conversión: estos fueron los dos logros más inmediatos y evidentes de América y los más fácilmente asociados al nombre del descubridor. Sólo gradualmente comenzó a adquirir Colón la categoría de héroe.” (p.24)

“La resistencia de los cosmógrafos o de los filósofos a incorporar a su trabajo la nueva información que les proporcionaba el descubrimiento de América no es más que un ejemplo del amplio problema que origina la proyección del Nuevo Mundo sobre el viejo. Ya se trate de una cuestión de geografía de América, de su flora y de su fauna, o de la naturaleza de sus habitantes, la actitud europea parece repetirse constantemente. Es como si al llegar a cierto punto la capacidad mental se hubiese cerrado; como si con tanto que ver, recoger y comprender de repente, el esfuerzo fuese excesivo para los europeos y se retirasen a la penumbra de su limitado mundo tradicional.” (p.  27)

“El Renacimiento suponía en algunos aspectos, al menos en su primera etapa, una cerrazón más que una apertura del pensamiento. La veneración por la antigüedad se hizo más servil; la autoridad adquirió nuevas fuerzas frente a la experiencia. Los límites y el contenido de las disciplinas tradicionales, como la cosmografía o la filosofía, habían sido claramente señalados de acuerdo con los textos de la antigüedad clásica, los cuales adquirieron aún mayor grado de autoridad cuando fueron reproducidos en letra impresa por primera vez. Así pues, las nuevas informaciones procedentes de fuentes extrañas eran susceptibles de ser en el peor de los casos increíbles y en el mejor desatinadas cuando se oponían al conocimiento acumulado durante siglos. Teniendo en cuenta este respeto a la autoridad, era poco probable que hubiese una indebida precipitación en aceptar la realidad del Nuevo Mundo, y mucho menos en los círculos académicos.” (p. 29)

“Los obstáculos que se opusieron a la incorporación del Nuevo Mundo al horizonte intelectual de Europa fueron formidables. Hubo obstáculos de tiempo y de espacio, de herencia, de entorno y de lenguaje; y se necesitaron muchos esfuerzos de diferentes niveles para que fuesen salvados. Por lo menos, había implicadas cuatro etapas diferentes, cada una de las cuales entrañaba su propia dificultad. La primera de todas era la etapa de observación, definida por Humboldt cuando escribió: «Ver… no es observar, sino comparar y clasificar». La segunda etapa era la descripción, detallando lo desconocido de tal forma que pudiera ser captado por los que no lo hubiesen visto. La tercera era la propagación, la difusión de nueva información, de nuevas imágenes y de nuevas ideas, de tal manera que llegasen a formar parte del bagaje mental comúnmente aceptado. Y la cuarta era la de la comprensión, la habilidad de llegar a asimilar lo inesperado y lo desconocido para contemplarlos como fenómeno existente por derecho propio y (lo más difícil de todo) para extender las fronteras del pensamiento tradicional con el objeto de incluirlos dentro de ellas.” (p. 31)

“Este proceso de transmutación comenzó desde el mismo momento en que Colón avistó por primera vez las islas del Caribe. Las alusiones sobre el paraíso y la Edad de Oro estuvieron presentes desde el primer momento. La inocencia, la simplicidad, la fertilidad y la abundancia – cualidades por las que suspiraba la Europa del Renacimiento y que parecían tan inasequibles- hicieron su aparición en los informes de Colón y de Vespucio y fueron ávidamente recogidas por sus entusiastas lectores. Estas cualidades provocaron la respuesta de dos mundos en particular, el religioso y el humanista. Era lógico que algunos miembros de las órdenes religiosas, desesperados por la corrupción de Europa, viesen una oportunidad para restablecer la iglesia primitiva de los apóstoles en un mundo nuevo al que todavía no habían alcanzado los vicios europeos. De acuerdo con la tradición redentorista y apocalíptica de los religiosos, las cuestiones de un nuevo mundo y del fin del mundo se unieron armoniosamente en la gran tarea de evangelizar a los incontables millones que no conocían nada acerca de la fe. (…)

Era un cuadro idílico, y los humanistas fueron los que en mayor grado contribuyeron a crearlo, puesto que les permitió expresar su profundo descontento con la sociedad europea y, como consecuencia, criticarla. Europa y América se convirtieron en una antítesis, la antítesis de la inocencia y la corrupción. Y se daba el caso de que la corrompida estaba destruyendo a la inocente.” (pp. 39-40)

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *