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#Cuba18: «La música cubana» – Cristóbal Díaz Ayala (fragmentos seleccionados)

Es posible que otras épocas de nuestra historia hayan producido trabajos de mejor calidad. Pero en términos de simple volumen, no hay hay otro período asociado con más interpretación o producción musical que el de la década de 1950. La gran mayoría de la música escuchada en Cuba durante los años siguientes y casi todo lo que se sigue escuchando en las comunidades cubanas en el exilio viene de esa misma música. Y la mayoría de la nueva música hecha en el extranjero, entre cubanos y latinos más generalmente, ha sido influenciada por esas mismas grabaciones.

Las memorias de Cuba entre 1940s y 1950s varían fuertemente; (…) los simpatizantes de la Cuba socialista han tendido a caracterizar la “pseudo-república” como uno de los más oscuros períodos históricos del país.

Los cubanos en el exilio, por el contraste, a menudo ignoran o minimizan los problemas del período. Se trataba innegablemente de uno de los países latinoamericanos más ricos de la época, y los norteamericanos no eran los únicos que consideraban improbable la ocurrencia de una revolución socialista. Su estándar de vida era alto, comparable al de países europeos pobres como España e Italia.

Curiosamente, los años de los choques más sangrientos con las fuerzas de Batista a fines de 1950 fueron también los años en que el entretenimiento musical alcanzó una cumbre absoluta. Los años finales de Batista en el poder se asocian simultáneamente con el placer y la represión política, el hedonismo y el terror.

Por supuesto, existían menos oportunidades de empleo artístico en el interior de la isla en relación con las ciudades. El maltrato a los trabajadores de las zonas rurales tenía su corolario en la falta de interés en la música y el baile que realizaban, al menos en sus formas tradicionales.

Del mismo modo, el “sonido africano” de la música de la clase trabajadora negra enfrentaba en muchos casos la misma discriminación que los propios artistas Muchos de los menos atractivos aspectos de la creación musical en la Cuba de los años 50: su naturaleza flagrantemente comercial, su orientación hacia el espectáculo, sus vínculos con el juego, sería criticada por el nuevo gobierno en los años posteriores a la partida de Batista.

Sus intentos de corregir tales problemas, así como la nacionalización del sector de entretenimiento, alteraría fundamentalmente la vida musical.

La vitalidad fenomenal de la música cubana en la década de 1950 debe mucho a la importancia creciente de los elementos estéticos derivados de África y su fusión con formas musicales occidentales en formas nuevas y creativas. La mayoría de los artistas de mediados del siglo XIX eran negros o mulatos y crecieron rodeados de un repertorio folclórico que tuvo gran influencia en sus composiciones comerciales.

Debido a su participación, géneros como el danzón eventualmente desarrollaron improvisaciones abiertas compuestas de melodías y ritmos sincopados que se entrelazaban. La aparición del chachachá y el mambo puede ser explicada como parte de la misma tendencia general que implica el movimiento de distancia de la música estrófica, seccional, de origen europeo, hacia las formas cíclicas y de improvisación derivadas de África.

La música y la danza constituían la faceta de la vida cubana en la que las barreras raciales resultaban relativamente fáciles de superar. Los cubanos de color podían no ser aceptados en muchas escuelas, clubes privados o profesiones, pero en el campo del entretenimiento encontraron un medio efectivo de afirmación. La necesidad económica les daba el ímpetu para cerrar la brecha que separaba sus barrios de los de las clases medias, y para crear música atractiva para todos.

 

Entrevista al autor

(…) Así fui armando mi libro Del Areyto a la Nueva Trova. Historia de la Música Cubana, editado en 1981 [a partir de] (un deseo extraordinario de conocer y divulgar nuestra música, y un desesperado amor por ella y sus intérpretes).
(…)
Hasta ese momento, prácticamente lo único existente era el libro de Alejo Carpentier, La  música en Cuba, y los de María Teresa Linares y Argeliers León. La música en Cuba fue un libro que marcó pautas en la literatura de este tipo en Latinoamérica, pero fue escrito en los 40 y, además, con los criterios elitistas con los que se manejaba Carpentier.

El de María Teresa Linares era dirigido a la enseñanza y, por tanto, es más elemental. El de León es un sesudo trabajo ensayístico, no para el consumo de las mayorías interesadas en el tema. Estos dos últimos, además, redactados desde una visión marxista. Pero el público latino lo que buscaba era información sobre la música cubana, no teorías sobre ella. Querían nombres, datos, cosas de ese tipo, así que me dediqué a buscarlos.
(…)
Traté de ser objetivo y que mis opiniones o tendencias políticas no intervinieran en mis criterios musicales. No era fácil en aquella época, ni al norte ni al sur del muro del Malecón. Se especulaba —y aún se especula— políticamente con la música. No excluí a nadie, de dentro o fuera de Cuba, por sus ideas. Terminaba, además, con una nota optimista en la que decía que los músicos cubanos seguirían produciendo música para y de Cuba pese a las dificultades.

En lo que sí me equivoqué fue en afirmar que los que residían en la Isla no podrían leer el libro. De alguna forma fue llegando y conociéndose. De pronto, los músicos al sur del Malecón supieron que alguien se preocupaba por ellos. En los 80 las cosas comenzaron a cambiar.

– ¿Por qué en los 80? ¿Cómo se percibe ese cambio?
– Entre otras cosas, los cubanos al norte del Malecón dejaron de ser gusanos para convertirse en «la comunidad cubana en el exterior» y sus viajes a Cuba demostraron que el nexo familiar es más fuerte que las diferencias políticas y las barreras impuestas. Además, músicos cubanos residentes en Estados Unidos, como Paquito D’Rivera, Arturo andoval y Gloria Estefan, empiezan a despertar un interés mundial por nuestra música.

El gobierno cubano descubre también que la música es un producto exportable y rentable. Modifica los draconianos términos económicos que obligaban a los músicos a entregar al estado prácticamente todas las ganancias obtenidas cuando viajaban al exterior, lo cual era un incentivo añadido para no regresar a Cuba. Y se encuentran con la grata sorpresa de que, además, esa exportación musical es un agente catalítico para el turismo a Cuba. Gracias, en gran parte, a la música, se produce el redescubrimiento universal de Cuba: ya no es «la tierra más fermosa que descubriera Cristóbal Colón», sino la más sabrosa, según el testimonio de miles de visitantes.

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