Aula Errante IV: Rubén Darío: El libertador de las letras americanas

Todo lo renovó Darío: la materia, el vocabulario, la métrica, la magia peculiar de ciertas palabras, la sensibilidad del poeta y de sus lectores. Su labor no ha cesado y no cesará; quienes alguna vez lo combatimos, comprendemos hoy que lo continuamos. Lo podemos llamar el Libertador.

Jorge Luis Borges

En el año 2016 se conmemora el primer centenario de la muerte de Rubén Darío (1867-1916) en la ciudad nicaragüense de León, y por eso uno de los ejes temáticos de nuestras aulas errantes será “Rubén Darío y América”. Se trata de uno de los poetas más significativos de nuestra América, y posiblemente de la figura nicaragüense con mayor fama en el mundo.

Darío representa la parte más “europeizada” de la sociedad latinoamericana – intelectual torremarfilista, cosmopolita, de ascendencia criolla y fuerte influencia francesa – presente en distinto grado en todos los países de la región.

Un ángulo interesante, dentro de los muchos que podríamos explorar de su inagotable vida y obra, es su actitud contradictoria ante Estados Unidos, que ya en esa época se perfilaba como una presencia imponente en América Central. Por una parte, se sabe que Rubén Darío tenía contacto con José Martí, destacado por su actitud antiimperialista, y escribió el poema A Roosevelt (1905), que rezaba:

Eres los Estados Unidos/ eres el futuro invasor/ de la América ingenua que tiene sangre indígena/ que aún reza a Jesucristo y aún habla en español. / (…) Tened cuidado. ¡Vive la América española! / Hay mil cachorros sueltos del León Español. / Se necesitaría, Roosevelt, ser Dios mismo, / el Riflero terrible y el fuerte Cazador, / para poder tenernos en vuestras férreas garras. / / Y, pues contáis con todo, falta una cosa: ¡Dios!

Un año después, sin embargo, la misma persona escribía Salutación al águila (1906):

Bien vengas, mágica Águila de alas enormes y fuertes / a extender sobre el Sur tu gran sombra continental / (…) ¡E, pluribus unum! Gloria, victoria, trabajo! / Tráenos los secretos de las labores del Norte, / y que los hijos nuestros dejen de ser los retores latinos, / y aprendan de los yankis la constancia, el vigor el carácter. / (…) Águila, existe el Cóndor. Es tu hermano en las grandes alturas. / Los Andes le conocen y saben que, como tú, mira al Sol. / (…) Puedan ambos juntarse, en plenitud de concordia y esfuerzo. / (…) ¡Salud, Águila! Extensa virtud a tus inmensos revuelos, / reina de los azures, salud! ¡Gloria!, ¡victoria y encanto! / ¡Que la Latina América reciba tu mágica influencia / y que renazca nuevo Olimpo, lleno de dioses y de héroes!

Esta conjunción de admiración y desdén hacia el gigante del norte es común entre los pensadores latinoamericanos de ayer y hoy. El colocarse a uno u otro lado, en defensa de la hispanidad (como el Ariel, del uruguayo J. E. Rodó), o lo anglosajón (como Facundo, del argentino Domingo Sarmiento) ha sido un divisor de aguas crucial para la intelectualidad regional.

Nos acercaremos a Rubén Darío a través de la colaboración de uno de nuestros viajadores, Antonio Arraiza Rivera, Doctor en Letras por la Universidad de Harvard, que compartirá con el grupo sus conocimientos sobre el tema.