¿Por qué NoWHere? David Cardozo

Concédanme unos breves segundos, permítanme un pequeño rodeo para que pueda responder a esta pregunta con absoluta sinceridad y sin caer en los clásicos tópicos.

Ha terminado la sangrienta guerra llevada a cabo en nombre de la civilización frente a la barbarie, ha derruido por completo a la amurallada Troya y ha dejado huérfanos y viudas para la eternidad. Uno de los héroes vencedores, Odiseo, sólo quiere volver a su tierra y reencontrarse con su familia tras largos años de ausencia y angustia. Los vientos no son favorables, los dioses dilatan su regreso y el héroe y su tripulación se ven condenados a permanecer largos días y hasta años en tierras lejanas, comiendo alimentos extraños, bailando danzas desconocidas, homenajeando a dioses cuya lengua resulta incomprensible. Al volver al mar, nuevamente la desgracia, la muerte acechando y cada nueva costa se convierte en el único refugio, en un paraíso de formas inesperadas y rituales nuevos.

Me gusta imaginar, contrariando a Homero, que poco a poco Odiseo se va dando cuenta de que Ítaca no es más que una ilusión, que la verdadera tierra prometida está en cada puerto, en cada diálogo, en cada dios desconocido, en todas las danzas de los pueblos. En ese momento, quizás con dolor, percibe que «Odiseo» no es más que un nombre, esto es, que él mismo no es el mismo que partió a la guerra abandonando a la fiel Penélope y a su hijo.

Odiseo no es más que un nadie: un hombre de ninguna parte. De ese dolor inicial, brota una nueva y vital alegría: ser de ninguna parte es ser, potencialmente, de todas partes, querer ser todos los hombres, descifrar las alegrías y los dolores de aquellos desconocidos. Quizás en ese momento, tras muchos años de penuria, comprendió al fin que la guerra fue inútil y que nunca podrá volver a ser justificada en nombre de la “Civilización” o la “Humanidad”, pues estas palabras no admiten el singular.  Odiseo supo, tal vez nosotros no, que sólo conociendo en profundidad lo que nos resulta diferente y, desde el prejuicio, «bárbaro», podemos evitar las masacres.

Hoy aquella guerra nos parece apenas literatura, aquellos mares muy lejanos… y, sin embargo, en las aguas surcadas por Odiseo hoy se amontonan los cadáveres de los refugiados que escapan de la guerra: todos los mares, el mar; todas las guerras, la guerra.

Este es el espíritu que me lleva a querer formar parte de un proyecto común, de una acción que se una con las ansias de conocer y dialogar con otras gentes, compartiendo sus vivencias cotidianas y sus anhelos, entendiendo sus manifestaciones de dolor y de alegría, es lo que me mueve a formar parte de Nowhere.

«Nowhere» mienta en otra lengua lo mismo que «Utopía»: no lugar. Nowhere es utopía colectiva, mundo por hacer, hombre de ninguna y de todas partes… Nowhere es Humanidad.